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Baltasar Garzón

Exmagistrado y abogado

 

 

 

Baltasar Garzón Real nació el 26 de octubre de 1955, en Torres (Jaén), localidad que tiene una calle con su nombre. Fue el segundo de los cinco hijos del agricultor y empleado de gasolinera Ildefonso Garzón y, desde los 11 años, estudió en el seminario, hasta que, a los 16, dejó los estudios eclesiásticos. "Yo pedí entrar en el seminario en contra de la voluntad de mis padres. Quería ser misionero porque los relatos de un sacerdote que nos visitaba me parecían fantásticos", recuerda Garzón. Se trasladó con sus padres y hermanos a Sevilla, donde estudió Derecho, pese a que en su familia no había ninguna tradición jurídica, licenciándose en 1979. "En COU, el padre de un compañero nos habló sobre las salidas de la carrera de Derecho. A mí, aquello se me quedó grabado. Me gustaba la idea de ser juez", explica. Tras ganar las oposiciones, inició su carrera judicial el 13 de febrero de 1981 en el juzgado de Valverde del Camino (Huelva)

 

La operación Nécora, golpe al narcotráfico

 

Unos meses antes, en noviembre de 1980, había contraído matrimonio con Rosario Molina, una profesora de ciencias de secundaria de la que se había enamorado a los 16 años y con la que ha tenido tres hijos: María, Baltasar y Aurora. Tras pasar por juzgados como el de Villacarrillo (Jaén) y Almería, el 29 de enero de 1988 tomó posesión como magistrado del Juzgado Central de Instrucción nº 5 de la Audiencia Nacional.

 

A partir de los 90, su nombre empezó a aparecer en los medios de comunicación a causa de las operaciones contra el tráfico de drogas en Galicia, que puso en marcha. Fue la época de la operación Nécora, que en 1990 desarticuló la organización criminal de Laureano Oubiña, y de la operación Pitón, que llevó a la detención del "clan de los Charlines". En 1993, Garzón dejó la judicatura para presentarse a las elecciones como independiente del PSOE. Según Loretta Napoleoni, autora del libro "Garzón, la hora de la verdad" (Ed. Principal de los libros), "acusado el PSOE de corrupción, fichar a Garzón ayudó a González a ganar la elecciones. Él, entre ingenuo y soberbio, creyó que Felipe le haría ministro", pero le ofrecieron el cargo de delegado para el Plan Nacional sobre Drogas. Humillado, Garzón dejó la política y volvió a la Audiencia Nacional. Allí, algunos creen que como venganza, instruyó el caso de los GAL, que sentó en el banquillo a altos cargos del PSOE. Según su hija mayor, María, autora del libro "Suprema injusticia" (Ed. Planeta), donde reivindica la figura de su padre, "cuando estaba investigando ese caso, por venganza, alguien mató a nuestro perro". Garzón siguió con su carrera judicial y, a finales de los 90, su nombre empezó a cobrar fama internacional por perseguir los crímenes contra la humanidad de las dictaduras latinoamericanas.

 

El juez que imputó a Augusto Pinochet

 

El 10 de octubre de 1998, dictó una orden de detención contra Augusto Pinochet, que estaba en Londres, por la muerte y tortura de ciudadanos españoles durante su mandato. El proceso contra el dictador chileno duró 16 meses, hasta que la Cámara de los Lores británica resolvió que no gozaba de inmunidad y podía ser juzgado.

 

El que ya era conocido con el sobrenombre de "juez estrella" también se ocupó de desarticular el entramado de ETA y su entorno en el 2002, mientras que, al año siguiente, se enfrentó al terrorismo islámico pidiendo la detención de Osama Bin Laden. "Mi padre es un idealista. Cree en la justicia internacional. Si ve una injusticia sobre la que nadie hace nada, él tiene que actuar. Su obsesión ha sido perseguir delitos con independencia de dónde ocurran", dice su hija María. Desde otros sectores, lo califican como un hombre sin miedo, que no se frena ante nada, pero que es demasiado individualista, vanidoso y poco generoso en reconocer el trabajo de los fiscales de sus casos.

 

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica presentó en el 2006 una denuncia por la desaparición de miles de personas durante la Guerra Civil y el franquismo ante el juez Baltasar Garzón. A pesar de la oposición de la Fiscalía, tomó la decisión, en septiembre del 2008, de pedir información sobre el número de desaparecidos a la administración del Estado. Aquello hizo que el sindicato ultraderechista Manos Limpias presentara en el 2009 una querella contra él, acusándole de prevaricación. El pleno extraordinario del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) decidió, en mayo del 2010, suspenderle cautelarmente en sus funciones, después de que el magistrado del Tribunal Supremo Luciano Varela acordara la apertura de juicio oral por ese caso. Sin embargo, el 27 de febrero del 2012, Garzón fue absuelto.

 

 

 

La trama de la Gürtel acabó con su carrera

Poco importó esa resolución, porque tres semanas antes, el 9 de febrero, el Tribunal Supremo le había condenado por otro caso a la pena de "11 años de inhabilitación especial para el cargo de juez o magistrado". Y es que al mismo tiempo que en el 2010 fue suspendido por su investigación sobre crímenes del franquismo, se admitió a trámite otra querella contra el magistrado, que había empezado a investigar una trama de corrupción que operaba en Madrid, Valencia y la Costa del Sol, conocida como el caso Gürtel. La denuncia era por el hecho de que había ordenado grabar las conversaciones de los imputados con sus abogados. Así, lo que no habían logrado ni las amenazas del GAL, ni las organizaciones criminales, ni otros grupos poderosos lo consiguió la corrupción política: acabar con su carrera judicial de 31 años.

 

Defensor de Assange

Desde su inhabilitación, Garzón se estableció en Buenos Aires y fue nombrado asesor de la Comisión de Derechos Humanos del Parlamento argentino, labor que ha compaginado con otros servicios a gobiernos de la zona, como asesor en la misión de apoyo al proceso de paz de Colombia. También en el 2012, después de abrir su propio bufete de abogados en Madrid, aceptó su primer gran caso mediático: defender a Julian Assange, creador del portal WikiLeaks, acusado de violación. En marzo del 2013, la revista mexicana "Quién" se hizo eco del rumor de que el exjuez mantenía un "affaire" con Cristina Fernández, presidenta de Argentina. Como padre, Garzón sabe que no ha podido dedicarse tanto a sus hijos como le hubiera gustado, pero los conoce muy bien. "María, la mayor, se parece a mí porque es emprendedora e hiperactiva. Baltasar es reflexivo como yo y tenemos el mismo sentido del humor. Y Aurora es inconformista", explica el magistrado, un hombre que adora la ópera, el flamenco de Camarón y la música clásica, y es un entusiasta culé. Además de su profesión, siempre ha encontrado tiempo para colaborar con causas solidarias, practicar deporte (famosas han sido sus participaciones en el anual partido contra la droga), hacer rafting y submarinismo y leer novela histórica, poesía y ensayo. No obstante, reconoce que "por mi vocación, he dejado muchas cosas, como tocar el piano. Algún día me encantaría corregir esta frustración".

 
 
 

 

 

 

 

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