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Bebo Valdés

Leyenda viva de la música cubana

 

 

 

Dionisio Ramón Emilio Valdés Amaro nació el 9 de octubre de 1918 en Quivicán, cerca de La Habana (Cuba). Fue el mayor de los seis hijos (cinco niños y una niña) que tuvieron sus padres, Emilio Valdés, contable del ayuntamiento, y Caridad Amaro costurera. Bebo -como lo apodaban en su casa- tuvo una infancia feliz pese a la precaria situación en que quedó la familia -a la que también pertenecían un tío y una tía y dos niños de los que la madre cuidaba como propios pese a no tener lazos de sangre- cuando el padre perdió su empleo. "Nosotros vendíamos churros y cualquier cosa por la calle para ayudar en casa. Cuando no había para comer mi madre me decía: 'A ti que te gusta la calle...' y me daba un cuchillo sin punta para que fuese a coger caña o mangos. Y, a veces, íbamos a cazar pajaritos y comíamos con eso. Pero yo era feliz y eso no me lo quita nadie", explicaba el músico de su infancia en una entrevista.

 

Tras cursar los estudios primarios, Bebo tuvo que dejar la escuela. Tampoco aquello perturbó su vida. "Todos mis hermanos y yo éramos felices. Para mí, que me faltara alguna cosa era normal", explica en el libro "Bebo de Cuba", de Mats Lundahl (Editorial RBA), que se publicó coincidiendo con el 90 aniversario del artista.

 

La familia compró un piano con la lotería

 

En la familia de Bebo no había tradición musical, aunque a sus padres les gustaba la música y él creció oyendo las canciones que cantaba su madre. El primer instrumento que tocó fueron las maracas, pero aprendió a tocar la pianola gracias a la hija de una amiga rica de su madre. Moraima, que así se llamaba la chica, iba dos días por semana a casa de Bebo para darle unas clases que los Valdés nunca le pagaron porque no tenían dinero. Con los cinco pesos que la madre de Bebo ganó en la lotería, la familia pudo comprar un cochambroso piano al que el chico dedicaba todo el tiempo. El pianista Armando Valdespí, tras oírlo tocar, le dijo a su madre: "Haga todo lo posible para que el muchacho estudie [música]. Tiene unas cualidades increíbles y una mano izquierda... divina".

 

Tras completar su formación musical en el Conservatorio Municipal de La Habana, Bebo empezó a conjugar las bases técnicas clásicas con los ritmos populares y el jazz. Su primera gran orquesta fue la Happy Happy de Ulacia, en la que entró en 1938 y estuvo hasta 1943, año en que consiguió un trabajo en Radio Mil Diez, "donde hice arreglos afrocubanos y bailables", cuenta. En esa época tocaba también en las academias de baile por un peso al día para mantener a su familia. Dos años antes, precisamente el 9 de octubre de 1941, había nacido su primer hijo, Jesús -más conocido como Chucho y que es también un excelente pianista-, de su relación con Pilar González, con la que no llegó a casarse pero con la que tuvo dos hijos más: Raúl, en 1943 y Mayra Caridad, en 1956.

 

Diez años actuando en el mítico Tropicana

 

En 1945, se unió a la conocida orquesta del trompetista Julio Cueva, para la que compuso el mambo "La rareza del siglo", que fue su primer éxito. Cuatro años más tarde viajó a Haití para tocar el piano con la orquesta del saxofonista Issa El Saieh. Su estancia fue corta pero dejó una impronta imborrable en su música. En 1948, ya de vuelta a Cuba, Bebo se sumó a la orquesta de Armando Romeu para tocar en el Tropicana, el famoso cabaret que vivía su mejor momento y donde estaría una década. "Fueron los mejores 10 años de mi vida", asegura este hombre al que en Cuba apodaban "El Caballón" por su gran altura y complexión. Allí conoció a Nat King Cole y, en 1952, el productor Norman Graz le encargó la grabación de la primera descarga de jazz cubano para satisfacer el interés que esa música despertaba en Nueva York.

Durante la década de los 50, Valdés -creador de un nuevo ritmo, el batanga, que gustó al público pero no tuvo éxito comercial-, se hizo muy popular en Cuba con sus singulares interpretaciones de ritmos bailables y sus colaboraciones con músicos tan legendarios como Israel López "Cachao", Benny Moré, Mario Bauzá o el pianista y compositor Ernesto Lecuona, que es el músico al que Valdés más ha respetado y admirado.

 

En 1952, inició una relación con una mujer, Noemí, con la que en 1954 tuvo una hija, Míriam. Un año después, la pareja tuvo otro hijo, Ramón. "Seguía viviendo con Pilar, pero ella sabía bien algo de esto porque yo solía estar fuera tres días y no volvía. Fue un problema para mí [...] porque tenía muchos gastos. Lo digo con franqueza. Yo fui un poco cabrón cuando era joven. No soy santo", decía el músico que suavizaba su condición de mujeriego empedernido asegurando que asumió la paternidad de todos los hijos que tuvo.

 

En 1959, año del triunfo de la revolución de Fidel Castro, Bebo Valdés dirigía la orquesta Sabor de Cuba, con un jovencísimo y brillante Chucho al piano. Pero Valdés se negaba a acatar las directrices del nuevo régimen cubano y en secreto preparó su huida. El 26 de octubre de 1960, con el pretexto de una actuación en México, el pianista abandonó la isla en compañía del cantante Rolando Laserie. "Yo fui uno de los primeros músicos que se fueron de Cuba. Fue difícil pero inevitable". Tras un par de años con el cantante chileno Lucho Gatica, se integró en la Lecuona Cuban Boys, grupo con el que, tras pasar por España, llegó a Suecia el 17 de abril de 1963. Los habían contratado en el parque de atracciones Gröna Lund.

 

 

 

Enamorado de una joven sueca de 18 años

Allí, en una de sus actuaciones, el músico conoció a Rose Marie Pehrson, una bella joven de 18 años de la que se enamoró. Pese a la diferencia de edad y de raza que era escandalosa para la época, se casaron el 1 de diciembre de 1963 y tuvieron dos hijos: Raymond y Rickard. Su vida se había estabilizado en lo personal, pero los años 60 fueron un calvario para Bebo en lo profesional. Tenía que empezar de nuevo su carrera, pero en el ambiente musical sueco de la época no había sitio para su música. Así, durante años y para mantener a sus familias, Valdés tocó en hoteles, cruceros y escuelas de ballet. Incluso llegó a plantearse dejar la música para trabajar de taxista o conductor de autobús. En 1978, después de 18 años sin verse, Bebo se reencontró con su hijo Chucho en Nueva York. El músico tardó 30 en ver a Mayra y 36 en volver a ver a Míriam y Raúl. Con Ramón, que vive en Nueva York, no tiene contacto.

 

Rescatado por Paquito D'Rivera y Trueba

Por suerte, la vida de ostracismo que llevaba en Suecia finalizó cuando, en 1994, el cubano Paquito D'Rivera lo llamó para grabar el disco "Bebo Rides Again". Cinco años después -ya jubilado- Fernando Trueba fue a buscarle para la película "Calle 54". Su estrecha amistad con el realizador español ha hecho posible tres películas y ocho discos, entre ellas "Lágrimas negras" (un éxito mundial junto al cantaor flamenco Diego "El cigala" que les valió el Grammy latino), "Bebo de Cuba" o "bebo". Reconocido como uno de los grandes pianistas del jazz actual, Bebo ha disfrutado en los últimos años del aplauso del público y la crítica. Instalado desde el 2005 con su esposa en Benalmádena (Málaga), sin haber vuelto todavía a Cuba y ya con cuatro bisnietos, con más de 90 años y en plena actividad profesional, enamorado de su mujer y con el firme propósito de "tocar hasta que me muera".

 
 
 

 

 

 

 

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