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Carlos de Inglaterra

Heredero del trono británico

 

 

 

Charles Philip Arthur George de Mountbatten-Windsor nació el 14 de noviembre de 1948 en el palacio de Buckingham, en Londres. Fue el primogénito de la entonces princesa Isabel y de su esposo, Felipe, que se encontraba jugando al squash mientras tenía lugar el parto. Su bautizo en la sala de música del palacio de Buckingham, a cargo del arzobispo de Canterbury, se convirtió en todo un acontecimiento social en un Londres de posguerra que intentaba recuperar la normalidad tras el drama de la Segunda Guerra Mundial. Al cumplir ocho meses, su familia se trasladó a Clarence House, donde Carlos dio sus primeros pasos bajo la atenta mirada de su asistente personal, Richard Brown, y de dos niñeras escocesas, Mabel Anderson y Helen Lightbody, que se encargaban de darle los besos de buenos días y buenas noches. Sus padres estaban tan ocupados que, si tenían tiempo libre, le veían un ratito por la mañana y otro por la tarde.

 

Tenía 4 años en la coronación de su madre

 

Desde su más tierna infancia, la vida de Carlos se rigió por los estrictos horarios de palacio, que le impedían disfrutar de las pequeñas cosas cotidianas. El 5 de agosto de 1950 nació su hermana, Ana, que se convirtió en su compañera de juegos y habitación. Tenía cuatro años cuando, tras la repentina muerte de su abuelo, el rey Jorge VI, su madre ascendió al trono con el nombre de Isabel II y Carlos se convirtió en el heredero de la corona. La familia volvió a instalarse en Buckingham, residencia oficial de los monarcas, y, a partir de ese momento, recibió el trato de Su Alteza Real y los títulos de duque de Cornualles, duque de Rothesay, conde de Carrick, barón de Renfrew, Lord de las Islas y Gran Mayordomo de Escocia. En 1953, asistió a la fastuosa coronación de su madre en la abadía de Westminster, donde ocupó un puesto de honor junto a su abuela y su tía, la princesa Margarita.

 

Primer heredero que acudió a una escuela

 

Siempre fue un niño tímido, sensible y asustadizo, rasgos que se acentuaron a medida que fue creciendo, debido a la falta de cariño de sus padres -a los que llamaba "mother" (madre) y "sir" (señor)- y al severo y frío ambiente de palacio. Entre los 5 y 8 años se educó con una institutriz privada, Catherine Peebles, que le enseñó la historia de su país -que en gran parte era la de su propia familia-, al tiempo que tomaba clases de equitación, piano y gimnasia. Fue el primer heredero al trono británico que acudió a una escuela, concretamente a Hill House, donde transcurrió una de las etapas más felices de su vida, al poder poder estar con niños de su edad. Nunca fue un alumno brillante. Llevaba fatal las matemáticas, la lengua, la geografía, el cricket y el fútbol, aunque destacaba en historia y pintura, una de sus grandes aficiones. Su padre, un hombre duro, frío y severo, decidió entonces enviarle al internado de Cheams, a 100 kilómetros de Londres, donde aprendió a hacerse la cama, limpiarse los zapatos, planchar y servir en el comedor a los alumnos más veteranos.

 

Posteriormente, ingresó en el internado de Gordonstoun, en el noreste de Escocia, lo que fue una de las más terribles experiencias de su vida. Allí, los alumnos recibían castigos corporales, les obligaban a ducharse con agua fría y a nadar en aguas heladas. Pero lo peor fueron sus compañeros, que se reían de sus orejas y no le dirigían la palabra. En su diario escribió: "Por las noches es un infierno porque la gente en el dormitorio es horrenda. Me tiran zapatillas o me golpean con la almohada o vienen corriendo y me pegan con todas sus fuerzas. ¡Quisiera tanto estar en casa!¡Este sitio es un agujero!". Mientras estudiaba en esos centros nacieron sus dos hermanos pequeños -Andrés, el 19 de febrero de 1960, y Eduardo, el 10 de marzo de 1964-. Los veía poco ya que estaba sometido a una férrea disciplina. A los 16 años, como cualquier chico de su edad, quiso saltarse las reglas y, junto a dos amigos de Gordonstoun, se escapó a un pub cercano donde un periodista le pilló bebiendo alcohol, la noticia salió en la prensa y el director del centro le retiró todos los privilegios.

 

Lord Mountbatten, su confidente y mentor

 

Tras una temporada en un colegio australiano, Carlos aprobó con éxito los exámenes finales de Gordonstoun y, a sugerencia de su padre y de su tío-abuelo, Lord Mountbatten, su confidente y mentor, ingresó en el prestigioso Trinity College, de Cambridge. Allí fue algo más feliz. Podía pasear en bicicleta, hizo algunos amigos y su habitación fue redecorada especialmente para él con una alfombra, un teléfono y una cocina, verdaderos lujos a los que no tenían acceso el resto de estudiantes.

 

En 1969, su madre invistió a Carlos como príncipe de Gales, título que reciben los herederos y que causó un gran revuelo, ya que en aquel momento la relaciones entre Gales e Inglaterra no pasaban por sus mejores momentos. Tomó posesión de su escaño en la Cámara de los Lores en 1970, y, entre 1971 y 1976, hizo la carrera militar en las fuerzas aéreas y en la Armada británica.

 

 

 

Camila Shand, una joven desinhibida

Tras estudiar antropología, arqueología e historia, se convirtió en el tercer miembro de la familia real que obtenía titulación universitaria. En aquella época, además, tuvo su primera pareja, Lucía Santa Cruz, hija del embajador de Chile y tres años mayor que él. La relación se rompió y, en 1970, en un partido de polo en Windsor, conoció a Camilla Shand. Desinhibida y descarada, la joven le espetó: "¿Sabía que su tatarabuelo fue amante de mi bisabuela? Creo que tenemos algo en común". En ese momento empezó una relación que llevaría a Carlos a enamorarse perdidamente de Camilla. Pasado un tiempo el Príncipe le propuso matrimonio, pero ella lo rechazó. Primero, porque sabía que la Reina jamás aceptaría como nuera a una mujer con "tanto pasado"; segundo, porque ella no quería la vida plagada de deberes y compromisos que correspondía a una princesa de Gales y, tercero, porque estaba obsesionada con el mayor del ejército Andrew Parker-Bowles, el único hombre que no había caído rendido a sus pies, y al que finalmente, en 1973, consiguió llevar al altar. "El tiempo mitigará mi desesperanza", escribió en su diario Carlos, que no quiso perder la amistad de su ex amante y sería el padrino de Thomas, el primer hijo de Camilla. Mientras, el príncipe empezó a salir con otras chicas: lady Kanga Tyron, lady Jane Ward, Davina Sheffield, la modelo Fiona Watson, la actriz Susan George, la princesa Marie-Astrid de Luxemburgo o lady Sarah Spencer, hermana mayor de Diana. Muchas de ellas no resultaron del agrado de su madre y la gran mayoría ni eran vírgenes ni querían asumir responsabilidades. En 1976 volvió a encontrarse con Diana (la había visto por primera vez cuando ella tenía 4 años y él 17) en una cacería en la finca de sus padres. Coincidieron de nuevo tres años más tarde, justo cuando Carlos estaba terriblemente abatido por la muerte de lord Mountbatten en un atentado del IRA. Para entonces, Carlos era un joven solitario, introvertido, madrugador y apasionado del polo, la caza del zorro, la lectura, la ecología y la pintura. Su soltería empezaba a ser una preocupación de Estado. Un día, su abuela, la Reina Madre, y una de sus amigas, lady Fermoy, abuela materna de Diana, idearon un plan para que la pareja se enamorase. Aunque Carlos siempre fue consciente de la "conspiración", aceptó el reto y se "enamoró" de aquella jovencita virginal, tímida y sin personalidad definida, a la que el 29 de julio de 1981 convirtió en su esposa. La ceremonia tuvo lugar en la catedral de Sant Paul, con más de 3.500 invitados y una audiencia televisiva de 750 millones de personas. Pero aquella boda de cuento de hadas iba a acabar en pesadilla. Carlos seguía enamorado de Camilla y la noche antes de la ceremonia la había pasado con ella. Según el columnista de prensa Peter McKay, experto en la casa real británica, "Camilla escogió a Diana porque pensaba que sería la esposa menos dispuesta a interferirse en la amistad que mantenía el príncipe con ella".

 

Guillermo, el príncipe de la continuidad

El 21 de julio de 1982 nació el primogénito de la pareja, el príncipe Guillermo. Un nacimiento que llenó de alegría a su padre, ya que aseguraba la continuidad dinástica, y que volvió a repetirse el 15 de septiembre de 1984 cuando nació su segundo hijo, Enrique.

 

Aunque poco dado a las demostraciones de cariño en público, en la intimidad siempre fue cariñoso con sus hijos, a los que leía cuentos antes de ir a dormir, siempre que se lo permitía su apretada agenda, ya que como príncipe de Gales tenía que atender a más de 500 compromisos oficiales al año. Todo parecía ir bien hasta que, en 1986, la prensa sensacionalista británica empezó a hablar de crisis matrimonial. Los príncipes de Gales trataban de ofrecer la imagen de una familia bien avenida, pero lo cierto es que lady Di cada vez hacía más viajes en solitario. El verano siguiente, los Reyes de España les invitaron a pasar unos días en Mallorca, y ahí se hizo patente la frialdad entre el matrimonio.

 

El libro de Andrew Morton, "Diana: su verdadera historia", publicado en 1992 y basado en las confidencias que hizo la princesa, desencadenó la separación, al oficializarse la relación de Carlos con Camilla y descubrirse que lady Di había padecido depresiones, bulimia, anorexia y varios intentos de suicidio. Por si fuera poco, ese mismo año saltó el "Camillagate", a raíz de la publicación en un periódico de una conversación de alto contenido erótico entre Carlos y Camilla. La presión era tan fuerte que, en diciembre, la reina dio luz verde a que se anunciara la separación de los príncipes de Gales. Carlos abandonó el domicilio conyugal y se instaló en Highgrove, su casa de campo, en la que podía ver sin problemas a su amante, quien, ya separada de su marido, se convirtió en una persona odiada por el público británico.

 

El 28 de agosto de 1996 se hizo efectivo el divorcio y, poco a poco, Carlos fue introduciendo a Camilla en su círculo, mientras seguía atendiendo sus compromisos oficiales e intereses personales, como la defensa medioambiental, las obras de caridad o el respaldo a diferentes instituciones relacionadas con el arte y la arquitectura. Se volcó, sobre todo, en la comercialización de sus propios productos ecológicos y biológicos a través de su empresa, Duchy Originals, que le reporta más de 50 millones de euros anuales. El 31 de agosto de 1997 lady Di, entonces unida sentimentalmente a Dodi Al Fayed, con el que se decía que iba a casarse, falleció en accidente de coche en París, un drama que unió al príncipe todavía más a sus hijos.

 

Carlos ha estado siempre muy pendiente de la educación de sus vástagos. Ha seguido de cerca sus estudios universitarios -en la selecta escuela de Eton- y sus posteriores carreras militares. Les apoya en todas sus decisiones, habla con ellos como si fuera su colega y no ha dudado en reñirles y castigarles cuando alguno de ellos ha cometido algún error de juventud.

 

De todos es sabido que Carlos de Inglaterra ha hecho un gran esfuerzo por hacer "más amable" su imagen entre el público. También es conocida su gran tacañería -un rasgo familiar que comparte con su madre, la Reina-, su aversión por los alimentos transgénicos o su mala relación con el duque de Edimburgo, su padre, al que tacha de insensible y duro. Menos conocida es su pasión coleccionista por las tapas de wáter, que almacena en una sala del palacio de Saint James; que bajo su escritorio tiene un botón para que aparezca un secretario cuando una entrevista se alarga demasiado; que a uno de sus perros le dejaba orinar en la alfombra; que en las recpeciones de Buckingham no suele beber por temor a que le entre el hipo y que, cuando alguno de sus invitados le "carga", arquea una ceja y uno de sus criados acude con un mensaje "importante". Aficionado al espiritismo, no soporta el ruido de las cañerías y le molesta la calefacción demasiado alta.

 

Casado en segundas nupcias con Camilla

 

Después de muchos años luchando contra viento y marea, Carlos consiguió casarse con Camilla el 9 de abril del 2005 (cuatro años después de que falleciera la Reina Madre) en una ceremonia celebrada en el Ayuntamiento de Windsor, lo que convertía al príncipe en el primer miembro de la realeza británica casado por lo civil. Tras el enlace, Camilla recibió el título de duquesa de Cornualles y, aunque le pese a muchos, si Carlos llega al trono, algún día se convertirá en reina consorte, aunque por el momento Isabel II no parece tener intención alguna de abdicar.

 

Carlos de Inglaterra está a punto cumplir 65 años siendo, todavía, heredero al trono, lo que parece no preocuparle demasiado porque está felizmente casado y se ha convertido en el "rey" de su imperio de productos ecológicos, que ha comenzado a expandirse por EEUU y Asia y ha puesto en marcha la venta por Internet.

 
 
 

 

 

 

 

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