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Earl Silas Tupper

Inventor del Tupperware

unos 3 años

 

 

 

Earl Silas Tupper nació en 1907 en Berlín, New Hampshire, (Estados Unidos). Fue el hijo de Earnest Leslie, dueño de una pequeña granja, y Lulu Clark, encargada de una casa de huéspedes. Desde muy pequeño, Earl demostró tener una gran imaginación que dejaba estupefactos a familiares y vecinos. A los 10 años descubrió que podía vender muchos más productos de la granja familiar si lo hacía puerta por puerta, llevando directamente el producto al consumidor. Obsesionado por ser millonario, se propuso ganar su primer millón de dólares antes de los 30. Durante el día ejercía como granjero y, por la noche, dibujaba en sus cuadernos los inventos que esperaba patentar: un bote propulsado por peces, un cucurucho de helado que no se vertía o un cinturón con fotos de sus amigas, entre otros.

 

Tras su graduación en el instituto en 1925, Earl siguió trabajando durante dos años más en los invernaderos de Shirley, Massachussets. A los 20 años dejó de estudiar. encontró trabajo como empleado de correos y, después, en la compañía de ferrocarril y se matriculó en un curso nocturno de enfermería con el objetivo de montar un negocio. Creó la Tupper Tree Doctors y, en 1931, se casó con Marie Whitcomb, con quien tuvo cinco hijos que colmaron de felicidad al matrimonio. A pesar de la Gran Depresión que sufrió el país, el negocio médico y de guarderías que creó se fue consolidando, si bien cinco años más tarde entró en bancarrota.

 

Obstinado, valiente y seguro de sí mismo

 

Su optimismo no menguó y desarrolló algunos de sus nuevos inventos. Al ser un hombre obstinado, valiente y seguro de sí mismo, que odiaba la pobreza, trató de venderlos para ganar el suficiente dinero con el que poder mantener a su familia. En 1936 conoció a Bernard Doyle, inventor del viscoloide, un tipo de plástico, que trabajaba en la empresa DuPont. Earl trabajó allí durante un año y adquirió tanta experiencia que, tiempo después, confesaría que "gracias a esta compañía descubrí que mi verdadera educación había empezado".

 

La industria de plásticos estaba creciendo, así que, en 1938, decidió crear su propia empresa, la Earl S. Tupper Company. Sus primeros productos fueron jaboneras, pitilleras, máscaras de gas y otros artilugios que pudieran ser útiles en la vida cotidiana. Sin embargo, los plásticos tenían fama de ser grasientos, frágiles y malolientes. A lo largo de los años 40 fue puliendo todos estos inconvenientes y durante la guerra se inventó el polietileno, un tipo de plástico con el que Earl empezó a investigar ya que, al principio, se usaba como un método de aislamiento y para la fabricación de radares y equipos médicos. La empresa DuPont creía que ese tipo de plástico no se podía moldear, pero Earl utilizó sus máquinas para crear un sistema que le permitiera hacerlo y, en 1947, patentó el Tupper Seal y el Wonderbowl (tazón maravilla). Éste era un recipiente plástico hermético para llevar comida, aislado del agua y el aire, inspirado en los botes de pintura ya que su cierre se basó en una tapa puesta al revés.

 

Brownie Wise, la clave de su éxito

 

Aquel fue el origen del tupperware y sus productos empezaron a comercializarse en tiendas y centros comerciales, aunque con un éxito relativo. No fue hasta 1951 que su invento se popularizó en todo el país gracias a Brownie Wise, una vendedora de Stanley Home Products. Brownie era una mujer menuda y con un gran desparpajo que se dedicó a vender grandes cantidades de productos en reuniones caseras entre amigos, vecinos y familiares. Ella cambió la imagen de la mujer en una sociedad que le relegaba a la cocina sin tener ningún reconocimiento. A Earl le picó la curiosidad por el sistema de trabajo de Brownie y la contrató. Fue tal la revolución que causó, que muchas de sus coetáneas afirmaron años después: "Me causó la impresión de ser una mujer poderosa, por delante de su tiempo" o "liberó e independizó a la mujer de sus ataduras sociales, les dio la oportunidad de poder realizarse".

 

 

 

Reuniones caseras para personas conocidas

Earl fue un genio con el producto y Brownie lo fue con la gente, ya que posicionó el tupperware en la escena internacional. Las amas de casa vieron que los alimentos se conservaban muchísimo mejor que en el papel de cera o con los paños húmedos. Así que, de la noche a la mañana, miles de mujeres formaron reuniones caseras para vender estos productos de plástico a sus más allegados. Las ventas fueron millonarias y Earl dividió su empresa en dos, nombrando a Brownie vicepresidenta de la Tupperware Home Products. Earl era perfeccionista, reservado, sin don de gentes, siempre estaba inventando objetos y su vida estaba centrada en el trabajo, unas cualidades que se complementaban con la personalidad extrovertida de Brownie. Eran la pareja perfecta pero, de repente, tras una agria pelea y sin dar explicaciones públicas, en 1958 Earl despidió a la mujer que le había hecho ganar una fortuna. Meses después, vendió la empresa a Rexall Corporation por 16 millones de dólares de la época. A los 51 años decidió cambiar de vida. Se jubiló, se divorció de su mujer, se mudó a Costa Rica donde compró una isla y dejó de ser ciudadano americano para no pagar impuestos.

 

Pesca, paseos y la compañía de sus nietos

En la tranquilidad de su nuevo hogar, continuó dibujando en su libreta nuevos inventos, que jamás llegó a patentar. Earl decidió tener una vida solitaria, se dedicaba a pescar, a pasear por la playa, a contemplar los atardeceres y pasaba, de tanto en tanto, algunas temporadas con sus hijos y nietos, a los que dejó gran parte de su fortuna. A los 71 años, escribió en el borrador de su autobiografía que "aún tengo ganas de seguir haciendo cosas porque de esta manera los viejos no parecemos inútiles o estúpidos". En 1983 falleció de un ataque al corazón en San José de Costa Rica. Un año más tarde su patente caducó, la Tupperware Corporation fue comprada por otras empresas y, en 1996, se convirtió en una compañía independiente con unas ventas de 760.000 millones de euros anuales. Actualmente, los Tupper están en todos los hogares del mundo, se usan para almacenar, congelar o refrigerar comidas e, incluso, para cocinar al microondas.

 
 
 

 

 

 

 

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