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Randy Pausch

El profesor que conmovió con su lección de vida

 

 

 

Randolph Frederick Pausch nació el 23 de octubre de 1960 en Baltimore (Estados Unidos). Fue el segundo hijo de Fred, propietario de un pequeño negocio de seguros automovilísticos, y Virginia, profesora de inglés. Creció en el seno de una familia de clase media acomodada del estado de Maryland, pero sus progenitores jamás permitieron que el dinero se malgastara en cosas superfluas. Randy, como lo llamaban sus familiares y amigos, era un chico feliz y consideraba que le había tocado la lotería con los padres que tenía, ya que durante su infancia aprendió unos valores que llevó a rajatabla durante su vida.

 

Muy aficionado al fútbol americano

 

Como estudiante siempre fue un empollón, martirizaba a sus profesores con preguntas, le encantaba jugar al ajedrez, seguía con devoción los capítulos de Star Trek y adoraba el fútbol americano. Su pasión por el deporte se la debía a su padre que, a los nueve años, lo había apuntado en el equipo de la escuela, donde desarrolló su cuerpo y su espíritu. Al regresar a casa hacía los deberes, cenaba con su familia y, luego, se dedicaba a leer y a consultar la enciclopedia World Book, una de las más importantes del mundo.

 

Tras graduarse en la Oakland Mills High School de Columbia, se licenció en 1982 en Ciencias de la Computación por la Brown University y, seis años más tarde, obtuvo su doctorado en la misma disciplina por la Universidad Carnegie Mellon. Junto a Don Mainelli fundó la CMU's Entertaintment Technology Center (ETC), fue profesor en la Universidad de Virginia durante casi una década y trabajó para la Walt Disney Imagineering y la Electronic Arts (EA). Además, fue el fundador del proyecto de software Alice, escribió cinco libros y más de 70 artículos especializados.

 

 

Jai, la mujer con la que se casó y tuvo tres hijos

 

A medida que iban pasando los años, Randy se fue convirtiendo en "el tío soltero". Su vida habían sido los estudios y, aunque tenía un natural simpático y juerguista, no encontraba la mujer que le robara el corazón. Durante la veintena y treintena se lo pasaba en grande cuidando a sus sobrinos, Chris y Laura, hijos de su hermana Tammy. Tenía ya asumido que no se casaría ni sería padre, cuando, a los 37 años, se cruzó en su camino Jai. Randy había acudido a la Universidad de Carolina del Norte para dar una conferencia y Jai, de 31 años, trabajaba a tiempo parcial en el departamento de Ciencias Informáticas. Ella ya le conocía porque el año anterior había ido a una de sus conferencias, pero su timidez le había impedido entonces acercarse a él. Así que, en esta ocasión, decidió consultar la web de Randy para conocerle mejor y averiguar sus gustos e indagó si no se había casado por ser gay. "No, no lo es. Simplemente le cuesta sentar la cabeza", le dijeron. Cuando se vieron, Randy se enamoró a primera vista de aquella mujer de larga melena oscura y sonrisa cálida. El corazón de Randy latía a mil por hora cada vez que la veía, sentía cosquilleos en el estómago y se las ingeniaba para acabar cuanto antes las reuniones para reunirse con su chica. La distancia fue un problema, ya que ambos vivían a miles de kilómetros pero, cuando llegó el momento de compartir piso, Jai se echó atrás, asustada, ya que su primer matrimonio había fracasado. Randy le mandó una docena de rosas y una nota: "Aunque me entristece profundamente, respeto tu decisión y te deseo lo mejor". Aquello surtió efecto y Randy y Jai se casaron bajo un roble centenario en el jardín de una famosa mansión victoriana de Pittsburg. A principios del 2002 nació su primer hijo, Dylan. En el 2005 lo hizo Logan y, a principios del 2007, una niña: Chloe.

 

Diagnóstico fulminante: cáncer de páncreas

 

Eran una familia feliz, que se divertía con las pequeñas cosas de la vida cotidiana. Pero en el verano del 2006 la felicidad se truncó y empezó su odisea médica. A Randy le hicieron unas pruebas, ya que sufría unos ligeros dolores en la parte alta del abdomen, y el diagnóstico fue fulminante: cáncer de páncreas. "Cuando me enteré de la noticia, uno de mis doctores me aconsejó que era muy importante que me comportara como si fuera a seguir por aquí una temporada, a lo que le contesté: 'Doctor, acabo de comprarme un descapotable nuevo y me he hecho la vasectomía. ¿Qué más quiere que haga?". Decidió enfrentarse a la enfermedad con mucho optimismo, creó una web en la que, a modo de diario, escribía sus inquietudes y pensamientos, le operaron, probó todo tipo de medicamentos y quimioterapia experimental, pero todo fue inútil. Tenía metástasis. Con todo, se aferró a la vida y, lejos de hundirse, pasó todo el tiempo que tenía junto a su familia.

 

el 18 de septiembre de 2007, Randy aceptó la invitación de la Carnegie Mellon para cumplir con una tradición académica denominada "La última lección", por la que un profesor dicta una lección como si fuera a ser la última de su vida.

 

 

 

No cambiar las cartas, sí la manera de jugarlas

Ninguno de los 400 estudiantes y colegas que asistieron podían esperar que aquella sí que iba a ser una última lección para Randy Pausch, pero lo primero que dijo fue que tenía cáncer de páncreas y que los médicos le daban entre tres y seis meses de vida. "No podemos cambiar las cartas que se nos reparten, pero sí cómo jugamos nuestra mano", aseguró y, con gran sentido del humor y un positivismo asombroso, deleitó a los presentes. "Estoy intentando meterme en una botella que un día aparecerá en la playa para mis hijos", concluyó con una sonrisa. Aquella conferencia, titulada "Cómo cumplir verdaderamente los sueños de tu infancia", se convirtió en un éxito mundial gracias a los más de 10 millones de descargas en YouTube y a la publicación del libro "The last lecture" (La última lección), traducido a 32 idiomas.

 

Sueños infantiles que se habían cumplido

En su exposición, no quiso hablar de cáncer, sino de sus sueños infantiles que, por fin, había cumplido en mayor o menor grado: estar en gravedad cero, jugar en la liga de fútbol americano, firmar un artículo en la enciclopedia World Book, participar en Star Trek, ganar un peluche y ser un creativo de Disney. "Jai y yo nunca les hemos dicho que me estoy muriendo, de modo que mis hijos ignoran que cada encuentro con ellos es una despedida. Me duele pensar que cuando sean mayores no tendrán a su padre. Cuando lloro no acostumbro a pensar en las cosas que no les veré hacer. Me centro más en lo que van a perder ellos que en lo que yo me perderé. No dejo de pensar en lo que no tendrán ni harán. Y eso, cuando no consigo reprimirme, me destroza por dentro. Por eso intento compartir con ellos cosas imposibles de olvidar. Quiero que me recuerden con la máxima nitidez posible. Por ejemplo, me fui con Dylan de vacaciones para nadar con los delfines, no creo que un niño olvide esto fácilmente. También me gustaría llevar a Disney World a Logan y, respecto a Chloe, soy consciente que no recordará nada, pero quiero que crezca sabiendo que fui el primer hombre que se enamoró de ella".

 

Éste es tan sólo uno de los extractos de "La última lección", que en España publicó la editorial Grijalbo con una primera tirada de 150.000 ejemplares. Tras ser considerado por la revista "Time" como una de las cien personas más influyentes del mundo, Randy falleció el 25 de julio de 2008.

 
 
 

 

 

 

 

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